Llevaba años con la costumbre, Álvaro recorría la ciudad con un traje negro, y la expresión afligida, su práctica, ya rutinaria, consistía en introducirse de infiltrado a las despedidas terrenales de los otros, caminaba por las diferentes funerarias, si tenía suerte encontraba alguna iglesia adornada con crespones negros, y de vez en cuando incluso se adelantaba el protocolo e iba directamente a los cementerios. Según cómo se sintiera cómodo, y cómo exigiera...



