Hay cosas que me gustan más que otras: la literatura, la música, el cine y las bebidas, calientes o frías. También me gusta llamarme escritor, porque, en el sentido práctico de la definición: lo soy. Pero si nadie lee lo que escribo, ¿puedo realmente gozar de la licencia y el privilegio de llamarme así a los cuatro vientos? Menos aún de decir que vivo de la escritura. En un mundo que nos acostumbró a definirnos  por lo que hacemos para vivir, ¿qué soy entonces?

De esa contradicción nace Vórtice. De la necesidad de que la definición que tengo de mí mismo sea, al menos en algún sentido, compatible con la del mundo. Este proyecto también es la manera de reconciliarme con la vida. 

El tiempo se nos va de las manos, pero las palabras quedan. Quizás, en ellas, esté el sentido que buscamos

Escribo porque, si no lo hiciera, la vida me sabría diferente. O quizás no me sabría a nada. Las palabras son mi manera de hacer las paces con el tiempo, de darle un sentido propio a los días que han tomado su curso, convirtiéndome en la consecuencia de no haber pensado antes en hacer valer el tiempo.

No tengo grandes pretensiones ni académicas ni literarias. Mis textos son, simplemente, míos. Mi propio proceso de interpretación:  el resultado de observar el mundo  con mis ojos. 

 Vórtice, es donde dejo caer esas palabras. Es sólo un rincón donde las ideas se pueden quedar a vivir sin pelear con  el tiempo.

Vórtice cuenta con tres categorías, que explico ahora solo porque encuentro placer en las explicaciones: ficciones, donde habitan mis cuentos, relatos y mi obra en general, historias que nacen de la necesidad de crear y darle forma a las ideas; reflexiones, pensamientos largos, cortos o intermedios, dependiendo del episodio mental del momento, donde escribo sobre el sentido que le damos a las cosas, la muerte, los días soleados, los adioses y todo aquello que nos hace humanos (o no); e impertinencias, un espacio para opinar sin pedir permiso, donde suelto al viento cualquier cosa que se me ocurra sobre lo que sea.

.

El fin de las páginas es el comienzo de otra cosa. 

© 2025 Elías escribe